crianza con respeto
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Crianza Respetuosa vs «A mí me pegaron y yo salí bien»

«Mucha gente pequeña en lugares pequeños,
haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo».
Eduardo Galeano.

 

La crianza respetuosa, la parentalidad positiva y el apego son términos que se utilizan cada vez más y con mucha frecuencia en nuestros días. Sin embargo, no siempre ha sido así. Hace tan solo un tiempo atrás el famoso «chas, chas en la colita» ni siquiera se ponía sobre tela de juicio, para el bien de nuestros niñas y niños, y de su salud mental cada vez hay más evidencia científica de que “una palmada” o “una bofetada a tiempo” no corrige ni trae beneficios para su desarrollo físico-emocional.

Según la psicóloga Rosa Jové[1]los adultos tenemos la facilidad de crear términos para hacernos sentir mejor. Es incómodo decir que golpeamos a nuestros hijos, que utilizamos la violencia contra ellos, sin embargo, creamos palabras menos «culpabilizadoras» para sentirnos mejor. Pero se llame como se llame, pegar es pegar.

El conceso en el ámbito científico y educativo es cada vez mayor en cuanto a los beneficios que trae para la salud mental de niños y niñas ser criados respetando sus derechos, con buenos tratos, sin gritos ni castigos; además de contar con un cuidador o una cuidadora presente. Sin embargo, parecería que en el ámbito social siguen prevaleciendo mitos y frases del tipo: «A mi me pegaron y yo salí bien» porque está arraigada en algunos sectores la idea de que sin golpes no hay disciplina ni mucho menos obediencia.

Sobre este punto Rosa Jové nos ejemplifica desde su experiencia en la clínica como: ««Algunas personas encuentran los recuerdos de los castigos tan desagradables que pretenden que fueron triviales e incluso graciosos. Notarás que sonríen cuando describen lo que les hicieron, pero es la vergüenza y no el placer lo que les hace sonreír. Ellos disfrazan los recuerdos de pasados sentimientos como una protección en contra del dolor presente». Muchos de ellos, ahora convertidos en padres que hacen lo mismo con sus hijos, se «defienden» en la consulta cuando les informo de que no se puede pegar a los niños, mientras dicen sonriendo: «A mí me pegaron y no pasa nada, he salido bien». Esos padres no saben lo bien que habrían salido si no se les hubiera pegado nunca. Como mínimo, quizás no tendrían que ir al psicólogo. A veces les pregunto: «¿Y preferirías que te hubieran educado con esas palizas o sin ellas?», y esa sonrisa que tenían en la boca se borra.»[2]

Una de las consecuencias del maltrato infantil es la naturalización de la violencia física y/o verbal, el sujeto adulto ejerce violencia sobre su entorno sin ser consciente, ya que es la única forma de relacionamiento que conoce, perpetuándola y condenando a futuras generaciones. Romper estas cadenas no es sencillo y seguramente necesitarás de mucha ayuda, un primer paso es animarte a buscarla. Con esto no pretendo juzgar a quienes estén o estuvieron en esta situación, sino poner sobre tela de juicio algo que quizás tengas o hayas tenido naturalizado durante largo tiempo.

Muchos de nosotros somos herederos de generaciones de ancestro que han vivido la violencia y el castigo como única forma posible de crianza, avalando golpes y gritos convencidos de que a largo plazo traerían beneficios, creyendo que la falta de ellos tendría como consecuencia niños rebeldes e irrespetuosos. Pero por el contrario de lo que parte del ideario popular cree la imposición de normas y exigencias, sin tener en cuenta las emociones de niñas y niños, según María Julia Cárdenas[3] genera miedo, rebeldía, dificulta la posibilidad de establecer vínculos sanos y serán propicios a comportamientos no deseados, a una baja autoestima, frena toda iniciativa y el sentido de responsabilidad.

En la actualidad las neurociencias están desarrollando evidencias de que a mayor apego en las edades tempranas es más corto el camino en la vida adulta para alcanzar la salud mental. Está comprobado que «Las experiencias vividas dentro de la relación de apego en la primera infancia, influyen en el desarrollo del cerebro, generando diferencias en el desarrollo neuronal.» Allan Schore[4]

Por otro lado, debe quedar claro que la premisa de no pegarles a los niños y niñas no sugiere la ausencia de límites, la idea de ser permisivos, tampoco que desaparezca el rol de autoridad, porque eso también sería otra forma de maltrato, ya que un niño para adaptarse sanamente a su medio necesita desarrollar habilidades de acuerdo con su edad. El llamado es a respetarlos por el solo de hecho de que son personas y como tal tienen el mismo derecho que todos a crecer sin violencia.

Parafraseando al psicólogo Álvaro Pallamares[5] durante mucho tiempo se pensó que darle atención a los niños cuando estaban irritados, era reforzar esos estados y por tanto perpetuarlos, sin embargo, debido a las neurociencias hoy tenemos información que rompen con estos paradigmas. Pallamares sostiene que «el cerebro al momento del nacimiento está lejos de estar maduro y justamente las áreas asociada a las emociones y su regulación, van a crecer exponencialmente, principalmente, durante los primeros dos años y medio, y este crecimiento no es azaroso ni viene determinado, depende de la forma que tengan los cuidadores para interpretar y responder a la desregulación fisiológica de los niños. Cuidadores más efectivos en sus interpretaciones y respuestas van a permitir que los niños desarrollen estructuras cerebrales que terminarán favoreciendo que la velocidad en que los niños alcanzan la autorregulación emocional sea tiempo óptimo, por el contrario cuidadores que dan interpretación inadecuada a las necesidad de contención y regulación, y por tanto no responden efectivamente, retrasarán la adquisición de estas habilidades, llegando incluso a postergar por tiempo indefinido su obtención. El camino era más rápido, pero nos desviamos, un niño irritable es un niño que necesita atención, y un niño que demanda atención lo que debe recibir es justamente eso y más: atención, empatía, contención, y acompañamiento.»

En síntesis, la salud mental de nuestros hijos e hijas depende en gran medida de la nuestra, por eso es importante que trabajemos en nuestras debilidades, sabiendo reconocer nuestros errores y siendo conscientes de que nuestro estilo de crianza afecta directamente el desarrollo cerebral de nuestros hijos e hijas.

Nuestros padres hace treinta años no tenían esta información, nosotros sí la tenemos.

Lic. Gabriela Motta.

Publicado en revista eCreativo: https://issuu.com/ficcionuruguaya/docs/revistaecreativos_junio2020?fbclid=IwAR0grH2eVLoslqB3DxdbRbIzKoPMruu4ssR1qYoK40FMcA1d12_S7gFkNV0

Cuento relacionado: http://cuentosparaleer.com/cuando-la-tecnologia-no-nos-permite-espabilarnos

 

 Referencias Bibliográficas:

[1] Rosa Jové, Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona, especialista en psicología clínica infantil y juvenil, Psico-pedíatra. Cita extraída del muro de Fundación América por la Infancia el 29/02/19. https://www.facebook.com/americaporlainfancia/?epa=SEARCH_BOX

[2] Cita extraída del muro de Fundación América por la infancia el 27/01/19. https://www.facebook.com/americaporlainfancia/?epa=SEARCH_BOX

[3]María Julia Cárdenas, Psicóloga. Extraído del muro de Fundación América por la Infancia el 24/01/2019. https://www.facebook.com/americaporlainfancia/?epa=SEARCH_BOX

[4] Allan Schore, Psicólogo e Investigador estadounidense en el campo de la neuropsicología. Extraído del muro de Fundación América por la Infancia el 26/01/2019. https://www.facebook.com/americaporlainfancia/?epa=SEARCH_BOX

[5] Álvaro Pallamares: Psicólogo Clínico. Extraído del muro de Fundación América por la Infancia. @pallamares https://www.facebook.com/americaporlainfancia/?epa=SEARCH_BOX

 

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Autor

gabrielamottavierapitin@gmail.com
Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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