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Cuentos de reflexión

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El despertar

Aquella mañana el silbido del viento anunciaba una tormenta voraz, Florentino salió apurado del despacho de Don Alberto que era el único dueño de casi todas las tierras de aquel lugar. Yo me lo crucé, notoriamente nervioso, en la esquina de su casa y lo saldé como de costumbre, sin embargo, él iba tan ensimismado en sus pensamientos que no contestó.  «Algo grave habrá ocurrido» —pensé.  

Florentino entró a su casa, no antes de mirar dos veces para corroborar de que nadie lo hubiera seguido. Yo sentí curiosidad por lo que allí ocurría y como buena buscadora de historias me senté a esperar el desenlacé de ésta.  

Los minutos comenzaron a trascurrir y nada extraordinario pasaba, pero mi curiosidad no me permitía alejarme de ese lugar. Sentada en el banco de la plaza tratando de distraer mi aburrimiento observé como un caracol que despertaba de un ingenuo sueño comenzó a deslizarse lentamente en dirección a la casa de Florentino, me detuve a observarlo, era lo único interesante que ocurría desde que Florentino se había metido.  

Minutos más tarde una nube que huía y una rama de árbol que se agitaba me anunciaban que iba a comenzar a llover. No me importó ya que mi olfato me decía que algo estaba por ocurrir, de pronto escuché el disparo de un arma acompañado de un fuerte golpe en el suelo, como si un cuerpo muerto se desplomara. Yo no tenía dudas de que el sonido venía de la casa de Florentino. Me escondí detrás del banco para no ser vista siendo testigo de cómo él arrastraba el cuerpo sin vida de su mujer y lo colocaba en la parte trasera de su auto. Desapareciendo en la lluviosa noche y aplastando con sus pesadas ruedas al caracol que había osado despertar de su profundo sueño.  

Gabriela Motta
19-11-21
Montevideo

Imagen de Branimir Lambaša en Pixabay.

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Autor

gabrielamottavierapitin@gmail.com
Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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