Cuentos fantásticos
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El accidente

Rogelio caminaban desnortado en la noche teniendo a la luna como único testigo, estaba tan aturdido que no advirtió la presencia del otro justo delante de él.  EL otro, que sí lo había visto, se le aproximó sin sacarle la mirada de encima y cuando hubo llegado a su lado con la última gota de aliento le dijo: 

—Amigo, necesitamos ayuda.  Mi compañera y yo acabamos de sufrir un accidente y no sé cómo, pero salí ileso, así como me ves sin un rasguño, pero ella no corrió con la misma suerte ¿Me puede prestar su celular? 

Rogelio lo miró con desconfianza ya que él había tratado de socorrer a los del camión y aparentemente estaban sin vida. Sin embargo, no tenía aspecto de quererle robar, entonces accedió a su pedido y además se ofreció para acompañarlo hasta la zona del accidente, solo para corroborar con sus propios ojos la historia de aquel desconocido, ya que para él era imposible que fuera la misma persona. 

Cuando llegaron al lugar vieron a un hombre vestido de negro que salía de entre los fierros y se dirigía hacía ellos a toda prisa. Estoy aquí para ayudarlos, les gritaba.   

—Comencemos con la mujer del amigo, apenas pudo decir Rogelio, notablemente angustiado. 

— A ella déjenla donde esta porque no la podemos mover, vienen en camino para ayudarla. Yo estoy aquí por ustedes. 

—Necesito verla —dijo el marido. 

—No —exclamó el extraño— no se aproximen a los fierros dejen que los médicos hagan su tarea cuando lleguen, ustedes solo complicarán las cosas y no podrán ayudar en nada.  

En ese instante llegó la ambulancia y comenzó a buscar algún sobreviviente, lo primero que vieron fue a la mujer inconsciente y justo a su lado dos hombres sin vida. 

 —Uno de ellos debe ser su marido y el otro al que atropellaron  —dijo uno de los paramédicos. 

—Vamos muchachos —les dijo el hombre de negro— ella estará bien, no tengo órdenes de llevármela esta noche. 

Gabriela Motta
21/11/21
Montevideo

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gabrielamottavierapitin@gmail.com
Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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