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Cuentos

Cuentos narrativos cortos

Un día en el futuro 

 
Llegó cansada y tiró las llaves sobre la mesa, tomó su celular y posteó su mejor foto.
Sentado en un sofá a la izquierda estaba su hijo, inmóvil, no lo vio o no quiso verlo.
Entre foto y foto sentía como la mirada de aquel adolescente se clavaba en su espalda, hasta podía escuchar su pensamiento:   
—Deseo que me digas cuánto me amas con el mismo entusiasmo que le pones al posteo de mis fotos en las redes ¿Acaso no soy el mismo que está contigo ahora?  No puedes imaginar ¡cuántos cumpleaños me quedé esperando esos saludos inagotables que posteas año tras año! ¿No soy merecedor de ellos en persona? ¿Eres capaz de sospechar lo lacerante que puede ser ese discurso de «estoy orgullosa de ti» que nunca llega?  
Ella permanecía en silencio atenta a las redes, escuchando a su conciencia que no paraba de gritar. Creyéndose sin opciones decidió seguir con esa actitud pasiva, posteó una nueva selfi en la que estaban juntos, de cuando él era un pequeño y se sintió en paz. Uno a cero para vos conciencia, pensó, mientras un bosquejo de sonrisa quiso desprenderse de esos labios casi entumecidos.  
Sin embargo, ella —la conciencia— no estaba dispuesta a callar, no esta noche ¡no se lo haría fácil!:   
—Nunca hubo un te amo, un abrazo sincero o una mirada cómplice, en cambio, siempre hubo silencio. Quiero sentir que me amas, aunque te cueste expresarlo. Me denigra ver que tu única forma de interactuar sea a través de las redes, ahí sí eres amorosa y con una vida llena de emociones. No recuerdo en qué momento decidiste cambiar de realidad ¿Qué pasó? ¿Por qué no me miras a los ojos? ¿Qué sientes? ¿Qué sueñas? ¿Qué te gusta? Tanto silencio comienza a molestarme.  
—¡Para ya! —gritó desquiciada —apagó el celular y se sentó frente a su hijo en un viejo sofá ubicado a la izquierda de aquella habitación carente de vida. Pero no supo qué hacer al tenerlo tan cerca, obligados a estar cara a cara se miraron y no se vieron, se desconocieron, lo único en común era el silencio.
El joven no aguantó y desvió la mirada, clavándola en el ángulo superior de la pared y fue entonces cuando escuchó por primera vez aquella voz penetrante que le exclamaba a gritos:
—¡Por favor! Dile que prenda el celular y se ponga a escribir lo mucho que nos ama así nos evita el sufrimiento de su no presencia y nos hace felices sabiendo que al menos en la virtualidad tenemos garantizado un te quiero. Dile que olvide esta absurda idea de conectarse con nosotros y vuelva al celular para seguir mostrándole al mundo lo felices que somos.
Él tomó el celular lo encendió y se lo devolvió.
Ella suspiró aliviada —sabía que su hijo la comprendía.
 
Cuentos narrativos cortos:

Gabriela Motta 

Montevideo, 01/12/17. 

 

  

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Autor

gabrielamottavierapitin@gmail.com
Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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