Doña María III
Doña Maria

Doña María

 

—¿Qué le pasa Doña María que la veo algo nerviosa? Le preguntó su vecino de enfrente viéndola asomarse algo irritada por la ventana.

—Sí mijo, no te lo voy a negar, es que yo no aprendo más. No sé para qué prendo el noticiero si siempre termino enojada. Hoy en día todos se creen muy inteligentes, muy educados. Pero yo digo una cosa, si realmente fueran tan inteligente como dicen ¿no tendrían que cuidar más de la naturaleza y menos de sus ganancias? Porque para qué van a querer en el futuro tanto dinero si no van a tener a dónde vivir, dígame usted qué sabe tanto.

—Ay Doña María … las cosas no son tan sencillas como usted las plantea. Hay intereses que están por encima de usted, de mí e inclusive de la naturaleza, pero tranquila no crea en todo lo que oye, seguro que esos hombres inteligentes, como usted dice, no van a permitir que nada nos pase.

—Ay mijo, yo de inteligente no tengo nada, pero le puedo asegurar que a ellos no les importamos nosotros ni la naturaleza, yo no sé … Tanto estudio, tanto cargo, para andar diciendo sandeces. Le contestó más enojada que antes, se dio la media vuelta y lo dejó hablando solo.

—¡No se enoje Doña María! Le gritaba mientras la veía desaparecer rezongando por detrás de la cortina.

Gabriela Motta.

05/02/2019

Montevideo.

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Autor

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Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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