
Final inesperado
Aureliano
Despertó una mañana sobrevolando un halo de luz con los zapatos en las manos, confundido y bastante asustado.
— ¿Qué me pasó? Le preguntó al señor con atuendo extraño que estaba a su lado, mientras trataba de poner en orden sus calzados.
— La vida se te pasó, pero no te aflijas esto es cotidiano.
Le respondió el hombre con voz tranquila y sin parpadear demasiado.
— ¿Cotidiano para quién? ¡Hermano!
— Para mí, esto sucede todos los días en mi trabajo.
— ¡Vaya trabajo! amigo ¿podrías ser un poco más claro? porque de verdad no entiendo ¿qué diablos me ha pasado?
— Bueno —contestó el otro— es que me han enviado, escucha con atención y deja ya esos zapatos, soy la muerte y he venido por ti Aureliano.
Gabriela Motta