emoción
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Hablemos: Sobre emoción y creatividad

«Conocerse a sí mismo es el principio de toda sabiduría»

Aristóteles

«La imaginación del niño es descriptiva, no enjuicia es, eminentemente, emocional» (Gutiérrez, A. y Moreno, P. 2011, p. 65). Sin embargo, paradojalmente a lo que menciona la cita parecería que a medida que vamos creciendo encapsulamos emociones para sobrevivir. Las emociones están presentes en todos los aspectos de nuestras vidas, por esta razón considero importante ser consciente de ellas. En cambio, algo que parece tan sencillo como el acto mismo de respirar resultó en este artículo, ya que me he dado cuenta de que ante la pregunta: ¿Qué es una emoción? Las personas se quedan mudas, pero si la cambio a: ¿Cuáles son las emociones? las pueden nombrar sin ningún inconveniente. Parecería que es más sencillo nombrarlas que definirlas e identificarlas. Esto me llevó a pensar que no somos conscientes de ellas, aunque las sintamos a diario.

Por otro lado, si las emociones están presentes en todos los aspectos de nuestra vida entonces cuando escribimos aparecen solapadas o al descubierto, pero son parte de nuestro proceso creativo seamos conscientes o no. De esta manera poco a poco fui llegando a la conclusión de que escribir, necesariamente, implica un autoconocimiento emocional entonces dejé de nombrar emociones para comenzar a reconocerlas, sentirlas y por fin poder plasmarlas haciendo partícipe también al lector de dicho acontecimiento. Paralelamente debo reconocer que no es tarea sencilla, algunos lo logran antes, otros lo hacen sin ser consciente, no obstante, lo esencial en este camino es nunca dejar de intentarlo. Y fue en esta búsqueda donde surgió la siguiente interrogante: ¿Se puede enseñar la creatividad? Para intentar responder será necesario primero comenzar por explicar qué son las emociones.

Las emociones

Si partimos de su epistemología podríamos decir que la palabra emoción[1] proviene del latín movere (mover) con el prefijo e que puede significar mover hacia afuera, es decir significa el impulso que induce la acción.

Una emoción consta de tres componentes:

— Neurofisiológico u orgánico

— Conductual

— Cognitivo

Si yo en este momento preguntó: ¿Qué es la alegría? y ¿Cómo la identificas en el cuerpo? ¿Cuál sería tu respuesta?

Un grupo de investigadoras argentinas que han dedicado tiempo al estudio de las emociones en uno de sus trabajos sostienen que «La alegría es la emoción que produce un suceso valorado como favorable» (Marino, C., Cresta, E., Maset, M., Mezzina, S., 2019, p. 22). Parafraseándolas, diría que una persona alegre sería aquella que valora y sabe apreciar las cosas, pero para poder apreciarlas necesita primero darse cuenta de que existen, de que la vida está llena de hechos maravillosos y de posibilidades inagotables. La alegría suele expresarse con una sonrisa y podemos darnos cuenta porque se activan dos grupos musculares —con las sonrisas de auténtico disfrute— el grupo muscular que eleva las comisuras de la boca y el que forma arruguitas en las comisuras externas de los ojos. Parce sencillo ahora que lo leemos, es una obviedad cuando lo hacemos consciente, sin embargo, si nos apuran un poco deja de serlo.

No voy a seguir profundizando en este aspecto porque quiero ir camino hacia la creatividad. No obstante, si seguimos complejizando las emociones veremos que se nos va haciendo más difícil identificar que nos provocan y en que parte del cuerpo. Si quieren seguir trabajando en ello aquí les dejo una lista de emociones básicas para que puedan hacer el ejercicio y sacar sus propias conclusiones.

 

Miedo Sorpresa
Ira Asco

 

De acuerdo con las autoras para cultivar la alegría será necesario plantar las semilla de la observación, el interés, la creatividad. Plantean la idea de «plantar la semilla» por lo tanto parten de la base de que la creatividad es una habilidad que puede ser desarrollada. Ellas sostienen que es notoria la influencia que tienen las emociones en la creatividad y comparten una cita del autor Estanislao Bachrach en su libro Ágilmente dónde este expresa que «hay una relación muy fuerte entre los estados emocionales y los insihgts. La felicidad incrementa la posibilidad de tener insihgts mientras que la ansiedad los decrece». Concluyendo que «toda técnica o disciplina que te permita conocerte más, desarrollar la inteligencia emocional, te hace, literalmente, según la ciencia más creativo».

En este mismo sentido, Goleman, Kaufman y Ray en su libro El Espíritu Creativo, adhieren a la idea de que el lenguaje universal del espíritu creativo es la alegría, la responsabilidad y la confianza. Y ahondan en este concepto afirmando que el proceso creativo tiene diferentes momento.

Un primer estadio que sería el de la Preparación: es el momento en el que te sumergís en el problema reuniendo datos, haciendo que elementos insólitos e improbables puedan comenzar a encajar unos con otros. Afirman los autores que aquí es crucial ser receptivos, sin embargo, admiten que esto es más sencillo decirlo que hacerlo ya que «estamos habituados a nuestra manera mundana de pensar las cosas» (Goleman, D. Kaufman, P. Michael Ray, 2000, p. 26). A esto los psicólogos le llaman «Fijación funcional» o sea, solo vemos la manera obvia de solucionar los problemas. Otra barrera que, según los autores, nos impide absorber información nueva es la autocensura, esa vos que te susurra: «Pensarán que estoy loco», «Es demasiado obvio», plantean que podemos aprender a reconocer esta vos crítica y aprender a decirle que no a sus consejos destructivos.

Un segundo momento sería la Frustración, que surge cuando la mente analítica buscando una solución alcanza el límite de sus habilidades. Aunque a nadie le guste la preocupación y el desánimo, explican que, las personas que mantienen su creatividad a lo largo de su vida llegan a aceptar que la angustia constituye una parte necesaria de la totalidad del proceso creativo. «Cuando la oscuridad es vista como un preludio necesario a la luz creativa, es menos probable que se atribuya la frustración a la ineptitud personal o reciba el rótulo de «mala». Esta visión más positiva de la ansiedad puede fomentar una mayor disposición a continuar intentando solucionar un problema a pesar de la frustración.» (Goleman, D. et al., 2000, p. 27-28).

El tercer momento sería la etapa de la Incubación: es más pasiva, un estado donde mucho de lo que sucede se desarrolla en el inconsciente, fuera de la conciencia. A menudo lo subestimamos, sin embargo, es mucho más fértil para las ideas creativas que el consciente. En el inconsciente las ideas son libres para combinarse con otras en una especie de promiscua fluidez, no existen juicios de autocensura. El inconsciente nos habla más allá de las palabras, lo que él sabe da forma a nuestros sentimientos más profundos y las exuberantes imágenes que constituyen la inteligencia de los sentidos, aseveran los autores. Además, consideran que el conocimiento inconsciente se manifiesta como una sensación percibida de lo acertado, una corazonada a la que llamamos intuición.

En cuarto lugar, estaría el Soñar Despiertos. Cuando no pensamos en nada en particular estamos más abiertos a la inventiva del inconsciente, sostienen que cualquier momento en el que podamos relajarnos y soñar despiertos es útil para nuestro proceso creativo: una ducha, una caminata en silencio, un viaje en auto, etc.

Y, por último, se encuentra la Iluminación: «Con suerte, la inmersión y el soñar despierto llevan a la iluminación, cuando de repente se te ocurre la respuesta como salida de la nada. Esta es la etapa que por lo general se lleva toda la gloria y la atención. Es el momento que la gente anhela y ansía, aquel en que exclamamos: ¡Eureka!» (Goleman, D. et al., 2000, p. 31-32). Sin embargo, el pensamiento por si solo no es un acto creativo, sino que falta la etapa final que es cuando tomas la idea y la conviertes en acción.

Es importante remarcar que para los autores este es solo un modelo, de un proceso creativo, que constituye una aproximación tosca de un proceso que en realidad es muy fluido y personal.

Todo esto nos conduce a concluir que lo que debemos desarrollar entonces serían nuestras competencias socioemocionales (CSE) que Bisquerra y Pérez la definen como conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para realizar actividades diversas con cierto nivel de calidad y eficacia. (Marino et al.,2019, p. 30). Parecería que no hay una edad límite para poder desarrollarlas, aunque lo ideal sería comenzar desde la niñez.

Es el niño el ser creativo por excelencia «El núcleo de la creatividad —dice la psicóloga Teresa Amabile— está allí, en el niño: el deseo y el impulso de explorar, de descubrir, de probar, de experimentar con formas diferentes de manejar y mirar las cosas. Entonces coincido con los autores que «…los hábitos establecidos en la infancia tienen una significación notable en cuanto al potencial del adulto» (Goleman, D. et al., 2000, p. 74).

En conclusión, podría decir que el ser creativo es parte de nosotros, pero es necesario cultivarlo como cualquier otra habilidad. Sin olvidarnos que para esto no hay una edad límite, así que todos, siempre, estamos a tiempo.

Finalizo con una cita que la tomé del psicólogo Sebastián de León de su libro La niñez herida que dice así: «Nietzsche tiene en su libro Así habló Zaratustra una parábola muy linda (…). Él dice que los seres humanos tenemos tres etapas o transformaciones. En primer lugar, los seres humanos somos camellos: vamos por la vida de manera cansina y sumisa, arrastrando las cargas de los mandatos sociales y familiares, dominados por el peso de la tradición y de la violencia. Decimos que sí a lo que nos llega. Si nos va bien, podemos pasar a una segunda etapa y nos volvemos leones: el león es el que ruge, el que dice «no, no quiero esto, no quiero lo que tú me das». Siendo leones, por primera vez nos liberamos y dejamos de ser lo que el otro nos exige ser, soltando lo que nos trae la tradición: «Eso no lo quiero para mí.» El león dice que no, mientras que el camello dice «Sí, señor». Pero el león pasa toda la vida rugiendo. Nosotros podemos pensar en personas que viven más al modo camello y personas que viven al modo león. La tercera y última etapa, dice Nietzsche, es el niño. Fíjense qué interesante paradoja: el niño no está pensado como la primera etapa, como una fase de inmadurez, sino como figura o arquetipo de la culminación del desarrollo emocional del ser humano. El niño es quien le dice «sí» a la vida, pero a la propia vida, a la vida auténtica y personal, a nuestro propio deseo, a la creatividad, sin dejar de lado la vulnerabilidad. Ya no es el «sí» sumiso del camello ni el «no» del león que vive para rugir». (Sebastián de León, 2019, p. 13-14).

Seamos como niños y digámosle sí a la vida, creo que esta es la mejor manera de concluir sabiendo que siempre estamos a tiempo para «ser creativos» o simplemente «ser».

 

 

 

 

 

 

 

Referencias

Goleman, D., Kaufman, P. y Ray M. (2000). El Espíritu Creativo. España: Vergara Editor.

Gutiérrez, A., Moreno, P. (2011). Los niños, el miedo y los cuentos. Como contar cuentos que curan. España: Desclée De Brouwer.

Marino, C., Cresta, E., Maset, M. y Mezzina, S. (2019). Taller de Emociones. Buenos Aires: editorial Proyecto CEPA.

León, Sebastián (2019). La niñez herida. Santiago de Chile: Ril editores.

 

 

 

 

 

[1] Marino, M. C., Cresta, M., Maset, M., Iglesias, S. Taller de emociones. Experiencia de educación emocional en la escuela. CEPA: Buenos Aires, 2019.

 

Publicado en: Revistaecreativos, diciembre2020

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Autor

gabrielamottavierapitin@gmail.com
Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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