infancias robadas
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Infancias robadas 

Infancias robadas

Mi hermano y yo nos habíamos ido al campo era algo que siempre hacíamos. Nuestro juego favorito era bañarnos en el río. Él trepaba en los gajos de los árboles más altos y se tiraba de cabeza, yo, aún lo tenía prohibido porque todavía no nadaba bien como para aguantar la corriente.
Esa tarde quise intentarlo, él me dijo que no. Yo trepé al árbol igual, mi hermano me gritó.
—Esto no es un juego pones en riesgo tu vida, bajá —me ordenó.
—Vos no sos mi padre —le grité— y me lancé de todos modos.
Cuando caí en el agua sentí como me llevó la corriente, no me daban las fuerzas para nadar en su contra, mi hermano se tiró a socorrerme y me arrastró hasta la orilla, pude salir, no sé cómo, pero salí con vida gracias a él.
Agotado y entre llanto me di la vuelta y le pedí disculpas, sin embargo, lo vi a lo lejos luchando por su vida
— Fue mi culpa —le grité— mientras corría por alcanzarlo.
Desde ese día hay una pregunta que me la repito una y otra vez ¿me habrá perdonado antes de ser tragado por el río?
 
Gabriela Motta
10-12-21
Montevideo

Infancias robadas

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Autor

gabrielamottavierapitin@gmail.com
Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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