Cuento

La piedra en el bolsillo

Aquella mañana sacó del fondo de su bolsillo una piedra y no pudo evitar sonreír, cuánto tiempo había pasado de aquellos años felices, sin embargo, seguían estando presentes en cada detalle, en cada piedra encontrada, en cada latido de su corazón. Contempló y saboreó aquel dulce recuerdo por un largo tiempo, tan largo que cuando la piedra se le cayó de entre los dedos parecía que todo había sido un mal sueño.
Sintió que ya no tenía tiempo para recordar, había que actuar. Pero ¿cómo lo haría? La llevaría a la playa, sin dudas, a ese lugar donde había recogido esa diminuta piedra que hoy tenía entre sus manos.
Las ideas comenzaron a fluir y casi sin darse cuenta se vio ideando el plan perfecto. Esperaría a que fuera la hora de dormir, la tomaría en sus brazos, la cubriría con una manta y saldrían por la puerta del fondo justo cuando ocurría el cambio de personal. Viajarían toda la noche en su coche y en la mañana estarían en la playa, sonrió.
La podía ver saltando entre las olas tomada de sus manos para no caerse, feliz por ser su cómplice en una nueva aventura. Luego, seguramente, le pediría un helado y ella con certeza se lo compraría. Después se tirarían en la arena junto con su muñeca favorita y disfrutarían inventando historias con cada una de las nubes del cielo. Sonrió. Sintió el calor de la piedra que era tan real como su plan. Al atardecer la tomaría de nuevo entre sus brazos porque seguramente estaría exhausta y regresarían hacia el hospital mientras…

—Pilar, Pilar, Pilar.

Se levantó bruscamente, guardó la piedra en el bolsillo y fue en busca de la voz que la llamaba con insistencia.
—Aquí en el patio —contestó. Pilar hija ¿dónde te habías metido? Hace media hora que llevo gritando tu nombre por cada rincón de este maldito hospital. Hija, Pilar…
—Qué sucede…
—Hija, Pilar…
—…
—Se nos ha ido…

Gabriela Motta
Montevideo
19-01-20

Autor

gabrielamottavierapitin@gmail.com
Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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