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La princesa y el guisante

Hans Christian Andersen

📅 06/02/2024   📁 Cuentos de otros

Érase una vez, en un reino muy lejano, una princesa que vivía en un hermoso castillo rodeado de jardines florecientes. Esta princesa era conocida por su belleza y su delicadeza, pero también por su extrema sensibilidad. La mínima incomodidad o molestia la perturbaba profundamente.

Un día, un apuesto príncipe llegó al reino en busca de una novia. El rey y la reina, encantados con la idea de casar a su hija, organizaron un gran banquete y convocaron a todas las jóvenes nobles de la región. Sin embargo, el príncipe, decidido a encontrar a la verdadera princesa, ideó un plan junto con sus padres.

Durante la tormentosa noche en que se llevaba a cabo la prueba, una fuerte lluvia azotaba el castillo. De repente, llamaron a la puerta. Al abrir, encontraron a una joven empapada hasta los huesos, afirmando ser una princesa perdida que buscaba refugio. La princesa mojada era recibida con alegría, aunque algunos dudaban de su autenticidad.

Para poner a prueba su afirmación, la reina decidió colocar un guisante debajo de veinte gruesos colchones donde la joven debía dormir. Si al despertar, la pretendida princesa se quejaba de haber tenido un mal sueño debido a un bulto en la cama, entonces sería considerada una auténtica princesa, pues solo una de tan delicada sensibilidad podría sentir un guisante a través de tantas capas de ropa de cama.

Así fue como la joven se acostó a dormir, pero apenas cerró los ojos, empezó a sentirse incómoda. La princesa dio vueltas y vueltas en la cama, incapaz de encontrar una posición cómoda. Por la mañana, cuando se levantó, confesó haber pasado la noche en vela, molestada por algo duro e irregular en la cama.

El príncipe, al escuchar esto, sonrió feliz. Había encontrado a su verdadera princesa, aquella que no solo era bella por fuera, sino también por dentro, con una sensibilidad tan aguda que podía percibir un guisante oculto bajo veinte colchones.

Desde entonces, la princesa y el príncipe vivieron felices para siempre, demostrando que el amor verdadero va más allá de las apariencias y se basa en la verdadera sensibilidad y empatía hacia el otro. Y el guisante, ese pequeño legumbre, se convirtió en un símbolo de la autenticidad y la nobleza de corazón.