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Cuentos

Mi nombre

Mi nombre
El día de la muerte de la tía Soledad mis familiares invadidos por la impotencia y el sufrimiento  juraron no llamar a nadie así, ya que no sería justo para las futuras generaciones cargar con semejante maldición. Todos juraron excepto mis padres que se opusieron fervorosamente ante semejante absurdo y para que a nadie le quedara dudas de su postura el día en que yo nací me llamaron Soledad. Ante tal atropello familiar mis tías paternas salieron corriendo a consultar mi futuro con la vidente de turno quién no auguro muy buen futuro para mi, ya que según esta señora yo viviría hasta los veinticinco años.
Años antes de que la tía Soledad muriera, mi abuela que también se llamada Soledad, había muerto repentinamente y justo en el mismo día que mi bisabuela Soledad, desde entonces ese nombre era sinónimo de pérdida y dolor en mi familia paterna. Estaban convencidos que la bisabuela, la abuela y ahora la tía habían muerto por llamarse así, por lo tanto, la única forma de evitar futuras tragedias sería prohibiendo el nombre.
Todavía recuerdo cómo mis padres contaban la historia orgullosos, yo era una especie de evidencia científica para ellos y algo así como una brujería sin explicación para el resto de la familia. «Pobre niña» escuchaba a mis tías susurrar por los rincones, «es una bomba de tiempo» decía el abuelo. Cuando cumplí veintiséis años reunieron a toda la familia para señalarles con hechos lo absurdo de sus creencias, ya que yo había superado la edad maldita según el pronostico de la vidente.
Sin embargo, sorpresivamente cuatro años después de mi cumpleaños número veintiséis yo caí muerta sin motivo aparente.
Mi abuelo dijo que se debía a que yo había nacido en un año bisiesto desde entonces mis padres rompieron lazos con la familia.
Gabriela Motta.
Montevideo.
26-11-20
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Autor

gabrielamottavierapitin@gmail.com
Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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