La voz
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Minificción

La voz

Llegó a su casa luego de haber sido despedida del trabajo por reducción de personal y exclamó con todas sus ganas: «La buena noticia es que he tocado fondo; ya no puede ser peor».

—Siempre puede ser peor —le dijo una voz que salía del fondo de la sala. 

—¿Quién eres? 

—Soy la voz de tu conciencia.  

— Imposible hace mucho que no tengo una. 

—No es cierto, a mí no me puedes engañar, recuerda yo soy vos. 

—¡Basta! me estas confundiendo ¿Quién eres? 

—¡Ya te lo he dicho, yo soy tú! 

—Contesta o llamaré a la policía.  

—Llámalos, pero qué les dirás: vengan por la voz de mi conciencia, suena extraño ¿no? 

—Salí de la oscuridad que quiero ver tu rostro. Le gritaba mientras caminaba en dirección al teléfono para concretar la amenaza que le había hecho a la extraña voz. 

—Llámalos, quiero ver sus caras cuando les cuentes lo que está pasando. 

Llamó a la policía, porque no se atrevía a buscar detrás del sofá, si bien parecía inofensivo podría tener un arma.

—Tengo una emergencia en casa, hay un extraño oculto detrás de mi sofá que no quiere salir y dice ser la voz de mi conciencia, me pueden ayudar. 

—De inmediato ¿Se encuentra bien?  

—Sí, pero necesito que vengan. 

—Señora mantenga alejada del lugar, de ser posible salga del apartamento ¿Sigue viendo a la persona? 

—No, a la persona no la veo, solo escucho su voz. 

—Entendido, en minutos mandamos una unidad para su casa —le dijo la operadora y colgó. 

—¡Ahora sí estás acabado vienen a buscarte!, si eres un poco inteligente huye ahora que aún estás a tiempo. 

—Imposible, no puedo huir. 

Ella prendió un cigarrillo mientras caminaba de un extremo al otro de la habitación, sin acatar la orden de alejarse del apartamento como le había solicitado la oficial. 

—Escuchaste eso, es el timbre, llegaron —le gritaba al extraño mientras se dirigía abrir la puerta— Pase oficial, él está detrás del sofá —le dijo indicándole con su dedo al sofá que se encontraba al final de la sala. 

El hombre entró, con cautela se dirigió al final de la sala y buscó detrás del sofá, luego reviso el apartamento completo, y como ya se lo imaginaba, no había nadie. 

—Señora no hay nadie ¿Necesita que llame a un doctor? 

—No, estoy bien, solo que no entiendo hace un minuto estaba ahí. Seguro se asustó porque le dije que vendrían y huyó por la ventana. Disculpe la molestia oficial, voy a cerrar todo para evitar que vuelva a entrar. 

—No dude en volver a llamarnos si regresa, ahora descanse un rato. 

—Gracias oficial, estaré bien. 

El hombre se subió al patrullero y reportó lo acontecido: 

—La mujer estaba visiblemente nerviosa, sin embargo, en la casa no había nadie. Tampoco había indicios de que alguien hubiera entrado a la fuerza. Sospecho que la femenina ha tocado fondo por algún asunto privado; creo que ya no puede ser peor. 

—Se equivoca oficial, dijo una voz que venía del asiento trasero, siempre puede ser peor. 

 

Gabriela Motta. 

Montevideo. 

13/11/2019 

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Autor

gabrielamottavierapitin@gmail.com
Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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