Prohibido llorar
Cuento

Prohibido llorar

Prohibido llorar

Está prohibido llorar —dijo a quemarropa— y siguió hablando, dejándome con esa pesadez que me oprimía el pecho.

Continuó explayándose y dándonos argumentos de todo lo que esperaba de nosotros sin dejarnos decir palabra. Yo no podía prestar atención a lo que ella decía, pensaba que en algún momento tendría que hacer una pausa para respirar y ahí sería mi oportunidad de preguntarle algo hasta ese momento no sabía qué, pero algo le tenía que preguntarle para regresar a mi estado de tranquilidad anterior.

No obstante, la pausa no llegaba y yo estaba cada vez más angustiada, conteniendo el llanto para no ser señalada como la mamá primeriza.

¿Les quedó claro cómo será la despedida? —preguntó.

—Sí, dijo alguien en el fondo.

Yo seguía esperando mi momento.

—Puedes explicar mejor lo de los besos voladores? —Preguntó la mamá que estaba en primera fila.

Tomó, nuevamente, la palabra y prosiguió.

Luego de embarcar los bolsos y los sobres de dormir en la bodega hacen un caminito de padres hasta la puerta del ómnibus y los despiden con besos voladores, porque con niños tan pequeñitos las despedidas largas se hacen complicadas. La mamá asintió con la cabeza.

Ah, les aconsejo a todos que lleven lentes negros por si se les escapa alguna lagrimita.

«Alguna lagrimita» —pensé— secándome las lágrimas que me generaba la idea de que en una semana mi pequeño de tres años se iba por primera vez solo de campamento.

Texto: Gabriela Motta.
Ilustración de: @lmw_art_studio
Montevideo.
19/10/18
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Autor

gabrielamottavierapitin@gmail.com
Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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