Sacrilegio
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Sacrilegio

Sacrilegio

Cuando tuve enfrente de mi aquel exquisito plato de Strogonoff acompañado por un puro arroz blanco; tan blanco que me recordó la belleza de la hoja en blanco, fue inevitable no sentir placer, deseos de comer hasta el último grano. Sin embargo, me detuve a contemplar, sería un sacrilegio romper la perfección del emplatado para saciar mi apetito o, peor aún, mi ilusión de apetito tratando de encubrir mi voraz ansiedad. No sé si lo primero o lo segundo, solo sé que no me detuve y me rendí ante tan delicioso manjar, me deleite con la explosión de sabores que vivenciaba mi paladar, me entregue a la diversidad de colores que contemplaban mis ojos y a la conjunción de aromas, únicos, de aquel plato. Cuando estaba por la mitad de tan exquisita experiencia, anonadada de placer le di la vuelta a un grano de arroz y contemplé  cómo de un simple y blanco grano se movía un pequeño y simple gusano también blanco, pero que ya no me trasportaba a la belleza de la hoja en blanco, sino que me recordaba el rancio y oloroso sabor a leche cortada. Mis sentidos se detuvieron y en mi pecho y mi garganta se formó un nudo, algo comenzó a subir desde mi estómago y aquel dulce placer que hace minutos sentía se había convertido en un asco sarcástico, era la vida misma mostrándome lo irónica que podía ser en el momento que se lo propusiera, será que me lo merecía por haber cometido el sacrilegio de profanar el ecosistema natural de aquel pequeño ser vivo.

Gabriela Motta
21/01/22
Montevideo

Sacrilegio

 

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Autor

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Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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